
El Songkran siempre ha formado parte de la familia. En 2026, desde las zonas acuáticas de Bangkok hasta las ruinas de Ayutthaya, el festival ofrece un escenario vibrante para celebrar, reconectar y crear recuerdos que perduran mucho después de que el agua se seque. Arraigado en rituales ancestrales y renovado cada mes de abril, el Año Nuevo tailandés sigue siendo una lección viva de alegría compartida entre generaciones.
Cuando el sol de abril alcanza su apogeo y el aire seco se transforma en risas y chorros de agua, todo el país cambia de ritmo. El Songkran, que surgió como un ritual brahmánico silencioso, se ha convertido en la celebración acuática más exuberante del mundo —y, para padres e hijos, una invitación a la unión y la renovación. Como señala la psicoterapeuta infantil Margot Sunderland, las vacaciones en familia crean «entornos de aprendizaje enriquecedores», donde gestos sencillos, como rociar agua perfumada o jugar juntos, fortalecen los lazos.
Bangkok ofrece diversión segura para familias con niños pequeños, gracias a las nuevas zonas de ocio acuáticas, que cuentan con control de aforo y zonas de sombra. En CentralWorld, la fiesta combina música, arena y un tobogán acuático gigante; por su parte, Siam Square mantiene un ambiente animado, aunque controlado, con espuma, música en directo y la política de «prohibido el alcohol y las drogas», ideal para jóvenes y niños.

En el norte, Chiang Mai representa el lado espiritual del festival. Entre el 12 y el 16 de abril, el foso de la ciudad se convierte en un gran embalse, pero son los templos los que cautivan a las familias. En Wat Phra Sing, los niños participan en el Rot Nam Dam Hua, vertiendo agua perfumada sobre las manos de los mayores, un gesto que se hace eco de los estudios sobre cómo los viajes fortalecen la cooperación y los lazos familiares.


Para quienes prefieren el sol y la variedad, Pattaya ofrece el festival Wan Lai, del 17 al 19 de abril. El Columbia Pictures Aquaverse garantiza diversión supervisada para los más pequeños, mientras que el Jardín Tropical Nong Nooch combina actuaciones culturales y tranquilas ceremonias acuáticas, creando un ambiente acogedor para los más jóvenes.

Y para crear un recuerdo verdaderamente inolvidable, Ayutthaya convierte sus ruinas en un escenario de tradiciones: pagodas de arena, actuaciones culturales y mercados nocturnos liberan, como diría Jaak Panksepp, «neuroquímicos del bienestar». Al fin y al cabo, celebrar el Songkran en familia es celebrar la unión. Los estudios demuestran que las vacaciones en familia son algunos de los recuerdos más felices de la vida, y el Songkran se nutre precisamente de eso: colaboración, alegría y renovación. El agua es solo el medio; lo que importa es el reencuentro.


